Intercambiar ‘monas’, tradición mundial desde hace 56 años
Módena, norte de Italia, mediados de la década de los años 50. Cerca de la imponente catedral románica de la ciudad, una viuda llamada Olga Panini se ganaba el sustento junto a sus hijos en un quiosco de periódicos. El negocio les daba para vivir, pero los hermanos Panini —Giuseppe, Benito, Franco y Umberto— tenían en la cabeza ideas de negocio que no cabían en ese pequeño mostrador de madera.
El chispazo original no tuvo nada que ver con el fútbol. Un día de 1960, Giuseppe y Benito compraron en Milán un lote sobrante de cromos de flores y plantas que una editorial no había logrado vender. Los hermanos las empacaron en sobres de dos laminas y los vendieron a diez liras cada uno. El éxito fue total y entendieron que habían tropezado con una mina de oro. En 1961 decidieron apostar por la verdadera afición en su país: el calcio. Alquilaron un taller en la avenida Emilia de Módena y fundaron la Editorial Panini. Su primer álbum estuvo dedicado a la temporada 61-62 de la Serie A italiana, con el legendario capitán del Milan, Nils Liedholm, en la portada. En aquellos días, se usaba cualquier pegamento para adherir las estampas.
A medida que el negocio crecía en Italia, los hermanos se encontraron con un problema de logística monumental. Los trabajadores encargados de meter los cromos en los sobres tendían a agrupar los mismos jugadores en los mismos paquetes. Esto provocaba que en un barrio de Módena todos tuvieran al mismo portero y a nadie le saliera el delantero estrella. Fue entonces cuando entró en escena Umberto Panini.
Umberto se había mudado a Venezuela para trabajar como técnico en la fábrica de automóviles Maserati. Sus hermanos lo llamaron de vuelta con una misión: necesitaban un milagro mecánico. Umberto se encerró en el taller y diseñó la Fifimatic, una máquina distribuidora que mezclaba los cromos de forma aleatoria antes de empaquetarlos en los sobres.
Con la Fifimatic, Panini no solo automatizó la producción; inventó la democratización del azar. A partir de ese momento, la leyenda urbana de la «figura imposible» nacía de la pura matemática y no de un error humano. Cada sobre se convirtió en una ruleta de emociones.
México 1970: El Big Bang internacional
El verdadero salto comercial ocurrió en 1970. Los hermanos Panini miraron más allá de las fronteras italianas y tocaron la puerta de la FIFA. Consiguieron los derechos exclusivos para comercializar el álbum oficial de la Copa del Mundo de México 1970.
Aquel álbum de cincuenta páginas y 288 cromos cambió las reglas del juego para siempre. Quienes abrieron esos primeros sobres internacionales se encontraron con una mezcla de tecnología y mística. Fue el debut de los escudos brillantes y de las primeras secciones autoadhesivas.
Cruzar las páginas de ese álbum era hacer un viaje al olimpo del fútbol: un Pelé radiante en la cúspide de su carrera, Franz Beckenbauer con su elegancia alemana, Bobby Charlton y Gerd Müller. El éxito traspasó Europa y llegó con fuerza a América Latina. De repente, niños que no compartían el mismo idioma ni las mismas costumbres hablaban el mismo dialecto universal: «Sile, sile, sile, ¡nole!» (Lo tengo, lo tengo, lo tengo, ¡no lo tengo!).
Se convirtió en un ritual global
Con las décadas, el lanzamiento del álbum Panini se transformó en el preámbulo oficial de cada Copa del Mundo. No importaba si la FIFA anunciaba el calendario de partidos; el Mundial no empezaba realmente hasta que el primer cargamento de cajas con sobres llegaba a los quioscos de periódicos y las tiendas de barrio.
En América Latina el fenómeno adquirió tintes de mitología local. En Colombia, las estampas pasaron a llamarse «monitas» o «laminitas»; en México, «estampitas»; en Argentina, Perú y Uruguay, «figuritas». Las plazas públicas, los parques y los patios de los colegios se convirtieron en bolsas de valores improvisadas donde ejecutivos de traje, universitarios y niños de ocho años negociaban de igual a igual. Un escudo brillante de Brasil podía costar diez jugadores de una selección debutante. El trueque se volvió un ejercicio de diplomacia y astucia.
El álbum sobrevivió a crisis económicas, cambios de moneda y transiciones de poder dentro de la propia empresa (la familia Panini vendió la compañía a finales de los años 80, pasando por varias manos directivas hasta consolidarse bajo liderazgos como el del recordado CEO Aldo Hugo Sallustro). A pesar de los vaivenes corporativos, la esencia del papel impreso y el pegamento se mantuvo intacta frente a la revolución digital que devoró a otras industrias de la nostalgia.
Completar el Panini es la única forma que tienen los aficionados de tener a todas las estrellas del fútbol en su propio bolsillo».
El presente: Bits, códigos y el gigante de 48 selecciones
Al llegar la tercera década del siglo XXI, el coleccionismo se enfrentó a su mayor encrucijada tecnológica. Muchos vaticinaron la muerte del papel frente a las pantallas. Sin embargo, Panini demostró la misma capacidad de adaptación que tuvo Umberto con su Fifimatic.
De cara a la Copa Mundial de 2026 —el torneo más grande de la historia, expandido por primera vez a 48 selecciones nacionales— el álbum ha dejado de ser un objeto puramente físico para convertirse en un ecosistema híbrido. Millones de fanáticos combinan hoy el ritual analógico de rasgar el sobre de papel con aplicaciones móviles y álbumes virtuales gestionados desde el teléfono inteligente.
Las alianzas estratégicas han llevado los cromos a lugares impensados: códigos ocultos detrás de las etiquetas de bebidas gaseosas, cupones digitales que desbloquean sobres virtuales y versiones «Cosmic» o cromos de edición limitada con efectos holográficos avanzados para el mercado de coleccionistas de alta gama. Lo que comenzó en 1961 como un juego de niños en las calles de Módena es hoy una industria cultural global que factura cientos de millones de dólares por torneo.
Si quieres ver cómo se fabrican estas famosas piezas de colección, puedes ver este recorrido por la fábrica de Panini, un video que muestra el proceso de impresión y empaque de los cromos del Mundial. Esta será la última vez que Panini produzca el álbum oficial de la Copa del Mundo, pues terminó su contrato de exclusividad con la FIFA.

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