logo_indice
Diario de Cultura Pop
Saturday, June 13, 2026
  • No hay productos en la bolsa

30 años de Rugidos y Pogo: La Epopeya de Rock al Parque

En mayo de 1995 Bogotá no se parecía en nada a la metrópoli que hoy conocemos. La capital colombiana despertaba lentamente de una de sus décadas más violentas y oscuras, marcada por el narcoterrorismo, el miedo colectivo y una juventud que se sentía profundamente arrinconada. En las calles los jóvenes que vestían de negro, llevaban el pelo largo o cargaban guitarras eléctricas no eran vistos como artistas; eran vistos con profunda sospecha. El rock era una subcultura perseguida, confinada a garajes clandestinos en barrios periféricos y bares subterráneos que desafiaban el toque de queda invisible de la época.

Fue en ese escenario de tensión latente donde a un músico inquieto, Mario Duarte —vocalista de la banda La Derecha—, se le ocurrió una idea que en su momento sonó a locura absoluta: sacar los amplificadores a la calle. Duarte, cansado de que el rock local no tuviera un espacio digno, decidió tocar las puertas del Instituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT). Allí se encontró con Bertha Quintero, una funcionaria con una visión periférica del arte urbano, y con el publicista y mánager Julio Correal.

Juntos, este trío de audaces armó un proyecto improvisado pero pasional. Convocaron a las bandas repartiendo volantes hechos a mano y pegando afiches en los postes de luz de las avenidas principales. La respuesta inicial dejó a todos mudos: más de 120 agrupaciones de todos los rincones de la ciudad acudieron al llamado, hambrientas de ser escuchadas.

El primer festival se celebró entre el 26 y el 29 de mayo de 1995. No tuvo una sede única; fue un experimento nómada que recorrió el Parque Estadio Olaya Herrera, la Media Torta, el Parque Simón Bolívar y la Plaza de Toros de la Santamaría. En esta última locación se cobró una pequeña boletería (la única vez en toda la historia del evento que ocurriría algo así), pero el espíritu del festival ya era indomable.

Más de 80.000 almas se agolparon durante esos cuatro días para presenciar el nacimiento de un mito. Sobre aquellas tarimas primitivas, bandas icónicas como 1280 Almas, Darkness, La Derecha y unos jovencísimos Aterciopelados demostraron que la juventud de Bogotá no quería violencia; quería catarsis. El festival cerró de manera apoteósica, consagrando al rock nacional y abriendo las puertas a invitados internacionales pioneros como Fobia de México y Seguridad Social de España. Bogotá descubrió, con asombro y alivio, que juntar a miles de jóvenes inconformes en un solo lugar no producía caos, sino una comunión inquebrantable a través de la distorsión.

 

La idea nació de la necesidad de salirnos de los bares y los garajes, de aprender a tocar en vivo en grande», cuenta Mario Duarte

 

El Templo del Simón Bolívar y los Años de Resistencia

Para su segunda edición, el festival tomó una decisión que sellaría su destino para siempre: mudarse de forma definitiva al Parque Metropolitano Simón Bolívar y decretar la gratuidad absoluta y permanente como su principio fundacional más sagrado. Con este movimiento, Rock al Parque se convirtió en algo mucho más grande que un simple festival de música: se transformó en un laboratorio social de espacio público y convivencia.

Sin embargo, el camino estuvo lejos de ser una alfombra roja. A finales de la década de 1990, el festival estuvo a punto de desaparecer. En 1998, las administraciones locales, asfixiadas por crisis presupuestales y por un persistente sector conservador que seguía viendo el evento como un gasto innecesario para «reunir rebeldes», decidieron quitarle la prioridad financiera.

Fue la propia ciudadanía, respaldada por periodistas musicales, gestores culturales y la resistencia unida de las bandas locales, la que alzó la voz para exigir que el parque no se cerrara. El festival demostró ser ya un patrimonio inmaterial de la ciudad; era el único lugar donde un joven del sur marginado y uno del norte acomodado se daban la mano en medio de un pogo para levantarse mutuamente del suelo.

A finales de la década de 1990 y principios de los 2000, las bandas internacionales empezaron a pisar el suelo bogotano con mayor regularidad, obligando al festival a profesionalizar su infraestructura, sonido y logística. Nombres como Control Machete, La Lupita, Todos Tus Muertos, A.N.I.M.A.L., Los Auténticos Decadentes, Plastilina Mosh y Los Siete Delfines expandieron los horizontes sonoros de la juventud bogotana.

A medida que el festival maduraba, su sonido comenzó a expandirse de forma orgánica. Lo que nació puramente rockero abrió las compuertas al metal más extremo, al punk contestatario, al ska festivo, al reggae y al blues. El festival entendió que el rock no era un género rígido, sino una actitud ante la vida. Se estructuraron los tres escenarios emblemáticos (Plaza, Bio y Eco), permitiendo que de forma simultánea convivieran los guturales del Death Metal con las trompetas del Ska y los sintetizadores del Rock Alternativo.

 

Tres Décadas de Historia Escrita en el Escenario

A lo largo de sus 30 años, el festival se ha convertido en una parada obligatoria y legendaria para el circuito musical latinoamericano y mundial. La lista de artistas que han dejado su sudor en las tarimas bogotanas es un repaso por las páginas doradas de la música contemporánea.

Hitos:

  • Apoteosis Internacional: Bandas de la talla de Café Tacvba, Manu Chao, Fito Páez, Molotov, Andrés Calamaro y Juanes han ofrecido conciertos memorables ante plazas completamente desbordadas con más de 100.000 personas cantando al unísono bajo el cielo encapotado de la sabana.
  • La Cuota Extrema: Los amantes de los sonidos más pesados han presenciado momentos históricos con leyendas globales de la música extrema como Sepultura, Anthrax, Carcass, Cannibal Corpse, Behemoth y Apocalyptica, quienes han elogiado reiteradamente al público bogotano como uno de los más intensos y apasionados del planeta.
  • El Legado de Kraken: Uno de los momentos más profundamente emotivos de estas tres décadas ocurrió en el año 2005. La mítica banda colombiana Kraken, liderada por el titán Elkin Ramírez, subió al escenario acompañada por la Orquesta Filarmónica de Bogotá. La fusión de las guitarras eléctricas con los violines y vientos sinfónicos interpretando himnos como «Vestido de cristal» o «Lenguaje de mi piel» congeló el tiempo y demostró que el rock local poseía una sofisticación artística de primer nivel.
  • Es imposible narrar la historia de Rock al Parque sin detenerse en la discografía, la estética y la evolución de Aterciopelados. La banda liderada por Andrea Echeverri y Héctor Buitrago ha crecido de manera simbiótica junto al festival; son, en esencia, su cordón umbilical y su reflejo más nítido. Aterciopelados se ha presentado formalmente como agrupación en 6 ocasiones a lo largo de las tres décadas de historia de Rock al Parque, la primera en 1995; regresaron en 2002 y 2014; en 2019 encabezaron la celebración del 25 aniversario del festival con un emotivo concierto antológico en solitario y en 2023 volvieron para una presentación especial para rememorar su disco El Dorado.
  • La Pestilencia: La banda de punk y hardcore liderada por Dilson Díaz ha quebrado récords de sintonía y ha generado los pogos más gigantescos y caóticos que recuerde el Parque Simón Bolívar.
  • Doctor Krápula, Los de Adentro y Superlitio: Agrupaciones que dinamizaron el rock alternativo y el ska a comienzos de los 2000, movilizando masas juveniles masivas.
  • Ultrágeno, Koyi K Utho y Pornomotora: Pioneros del rock industrial y el sonido alternativo bogotano que transformaron la puesta en escena del festival.
  • I.R.A. y La Mojiganga: Desde Medellín, trayendo la crudeza del punk e historias del asfalto antioqueño a la capital.

 

El Huracán de Juanes y el Cierre Histórico (2019)

La edición número 25 del festival, celebrada en 2019, quedó marcada a fuego en la memoria colectiva gracias a una de las decisiones curatoriales más audaces y debatidas de su historia: la invitación de Juanes para cerrar el escenario Plaza. Aunque su confirmación inicialmente desató intensas controversias entre los sectores más puristas, la noche del lunes de cierre se transformó en un hito de asistencia absoluta, congregando a más de 150.000 personas que desbordaron por completo el parque.

Lejos de amilanarse, el cantautor paisa ofreció un concierto milimétrico y lleno de energía rockera, repasando los éxitos más contundentes de su repertorio y rindiendo tributo a leyendas continentales al interpretar «Cuando pase el temblor» de Soda Stereo. Uno de los golpes de autoridad más contundentes y aplaudidos de la noche ocurrió cuando Juanes, rindiendo homenaje a sus raíces más pesadas, desató una ráfaga de distorsión al interpretar un potente cover de «Seek & Destroy» de Metallica, poniendo a poguear a toda la plaza principal y ganándose el respeto definitivo del público metalero.

El clímax nostálgico de la jornada se alcanzó cuando tocó «Solo», el himno inmortal de Ekhymosis, la banda con la que el propio Juanes había pateado el asfalto en los inicios de su carrera. Sin embargo, el verdadero broche de oro y el momento más simbólico ocurrió cuando Andrea Echeverri subió al escenario para cantar a dúo con él. Ver a las dos figuras más grandes e influyentes de la internacionalización del rock colombiano compartiendo micrófono en el Simón Bolívar no solo derribó prejuicios estériles, sino que selló una comunión histórica, demostrando que Rock al Parque es un territorio de reconciliación capaz de albergar la memoria entera del país.

 

El Corazón Hispanohablante y Continental

El festival ha sido el gran escenario para las leyendas del rock en nuestro idioma. Esferas masivas de energía se vivieron con las presentaciones de gigantes como Fito Páez, Café Tacvba, Molotov, Andrés Calamaro, Manu Chao, Julieta Venegas, Babasónicos, Gustavo Santaolalla, Pedro Aznar, Los Fabulosos Cadillacs, Illya Kuryaki and the Valderramas y El Tri de México. Cada una de estas bandas ha ofrecido conciertos memorables ante plazas completamente desbordadas con más de 100.000 personas.

Para los amantes de los sonidos anglo y de vanguardia pesada, Rock al Parque se convirtió en una parada obligatoria en el circuito mundial. El festival ha sido testigo de hitos imborrables como la presentación de Apocalyptica (considerado por críticos locales como uno de los mejores shows instrumentales de la historia del evento), Anthrax, Sepultura, Suicidal Tendencies (con Dave Lombardo en la batería), Napalm Death, Carcass, Cannibal Corpse, Behemoth, Exodus, In Flames, Testament y Deicide. Estas agrupaciones globales han elogiado reiteradamente al público bogotano como uno de los más intensos, respetuosos y apasionados del planeta.

 

2026: Las Bodas de Platino del Asfalto

Llegamos al 2026 y el festival se prepara para vivir su hito más monumental: la celebración oficial de sus edición número 30. Los días 10, 11 y 12 de octubre, el Parque Simón Bolívar volverá a temblar bajo los pies de miles de asistentes en una edición histórica diseñada no solo para mirar al futuro, sino para rendir un homenaje profundo a la memoria acumulada de la ciudad.

Bajo la consigna institucional de «Rock al Parque: 30 AÑOS / Bogotá, ciudad Rock», la Alcaldía Mayor y el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) han decidido tirar la casa por la ventana. La celebración ha trascendido los tres días de conciertos en el parque para convertirse en una fiesta cultural que se despliega a lo largo de todo el año a través de exposiciones fotográficas urbanas, ciclos de cine documental y conciertos descentralizados en salas locales.

Uno de los hitos principales de este aniversario fue el lanzamiento del libro oficial Rock al Parque: 30 años. Bogotá y las voces de la tras escena, escrito por la historiadora Tatiana Duplat. El texto reúne por primera vez las voces de los técnicos de sonido, los productores, los roadies y los fanáticos históricos que sostuvieron el festival cuando el viento soplaba en contra.

Además, en este 2026 el componente de apoyo al talento local ha alcanzado cifras récord. Idartes inyectó una robusta bolsa de 32 estímulos económicos y apoyos de hasta 150 millones de pesos para reconocer las trayectorias consolidadas de las bandas bogotanas y dar un impulso definitivo a las nuevas propuestas emergentes. Es la consagración de una política pública que entiende que el festival no es un evento de entretenimiento, sino un motor económico y un ecosistema artístico vital para el país.

 

Comparte esta nota